La encuesta que ha publicado 20minutos supone la primera toma de temperatura después de saber que tendríamos que volver a votar.

Aunque esta primera foto no capta el movimiento de Íñigo Errejón y desconocemos el alcance de su candidatura, sabemos que su entrada en escena provocará un baile de escaños. Pero aún no sabemos si ese baile será un minué o un electrolatino. Más allá de los votos, hay aprendizajes que conviene tener en cuenta. En primer lugar, los españoles manifiestan un profundo malestar por la repetición electoral. Una sensación de cabreo compartida por los votantes de todos los partidos. Y el PSOE, en especial su líder, es percibido como el mayor responsable. Así lo piensan incluso sus votantes.

Ese hartazgo se traduce en desmovilización. Más de dos millones no irán a votar el 10-N, siendo el centro ideológico el más afectado. El votante moderado, alejado de los extremos, no comprende la situación y se refugia en la indecisión y en la abstención. Parecen estar a la espera. Por eso, los dos partidos que más sufren electoralmente son el PSOE y Ciudadanos. Tienen fidelidades de voto y niveles de movilización por debajo de la media. Se jugarán mucho en la campaña y en el debate. Por lo demás, no hay cambios en el equilibrio entre los bloques, sino reajustes. Las tensiones se producen dentro de los bloques. El más llamativo es el de Ciudadanos, que pierde el 20% de su voto, pero de forma asimétrica: por cada voto que cede a su izquierda se fugan tres a su derecha. En la izquierda, bastantes socialistas reciclan su voto y se van a Unidas Podemos, con Errejón al acecho. En dos meses amaneceremos con una renovada aritmética parlamentaria. Los primeros indicios nos dicen que la gobernabilidad podría ser aún más compleja. Aún queda tiempo hasta que se acabe la música y veamos quién se queda de pie y sin silla.